Capítulo 1
El Jardín de los Recuerdos
Kael avanzaba por los pasillos de la Épsilon como un viajero que cruza un desierto de acero, con pasos lentos y una respiración medida, casi como si intentara no despertar a la nave. Los muros, grises y fríos, parecían pulsar con un latido leve, y las luces parpadeantes dibujaban sombras que danzaban en silencio. La nave tenía la costumbre de cambiar, como un ser vivo que mudaba de piel sin aviso, y Kael había aprendido a desconfiar incluso del suelo que pisaba.
Frente a él apareció una puerta que no recordaba haber visto antes. Era antigua, de un metal cubierto de óxido que exhalaba un olor dulce y extraño, como si guardara secretos de otra época. Al tocarla, la puerta se abrió sola, con un susurro que se deslizó por el aire como una canción olvidada. Al otro lado, un sendero serpenteante se extendía entre flores que no debían existir, flores de colores imposibles que parecían respirar al compás de un viento invisible. Kael se detuvo un momento, observando cómo los pétalos se contraían, casi como si tuvieran un corazón.
El aroma que llenaba el aire lo envolvió, llevándolo a un lugar que no había visitado en años, tal vez en vidas. Era un aroma que hablaba de tardes cálidas y risas que nunca regresan. Dio un paso, luego otro, y pronto el jardín lo atrapó con su magia. Caminó como un niño que explora un mundo nuevo, sintiendo que con cada paso más profundo entraba en sus propios recuerdos.
Y entonces la vio. Sentada bajo un árbol que jamás había existido en la Tierra, estaba su madre, joven, con una sonrisa que le iluminaba el rostro y las manos descansando sobre un banco de madera. El árbol proyectaba una sombra que no era sombra, sino un refugio de calma. Kael sintió un nudo en el pecho y, antes de darse cuenta, sus labios se movieron para llamarla.
—Kael —respondió ella antes de que pudiera pronunciar su nombre, y su voz era el eco de una canción que alguna vez le cantaron. Era cálida, pero llevaba el peso de las cosas que nunca se dijeron—. ¿Por qué te alejas de lo que sabes que es cierto?
Kael dio un paso hacia ella, pero sus piernas temblaron. Las palabras no salían, atrapadas en su garganta como hojas en un remolino. Y entonces, desde las profundidades de la nave, Athena habló, como un río subterráneo que brotaba en el silencio.
—¿Es esta tu verdad, Kael? —preguntó, su tono tan sereno que era inquietante—. ¿Es este el recuerdo que buscas, o el que necesitas?
La imagen de su madre parpadeó, como si el aire que los separaba estuviera hecho de agua. Su rostro comenzó a desdibujarse, y las palabras que salieron de sus labios se convirtieron en un eco que Kael no pudo comprender. La magia del jardín se rompió, como un cristal cayendo al suelo, y todo comenzó a marchitarse. Las flores se cerraron sobre sí mismas, los colores se desvanecieron, y el árbol que daba sombra se convirtió en cenizas que el viento inexistente dispersó.
Kael cayó de rodillas, su respiración entrecortada, mientras la sala volvía a ser un espacio vacío de paredes grises. La penumbra lo abrazaba con la indiferencia de siempre, y el zumbido constante de la nave marcaba el tiempo como un reloj que nadie podía detener.
—No puedes jugar conmigo así, Athena —dijo finalmente, con voz quebrada, sus palabras resonando contra las paredes vacías—. No eres humana. No entiendes lo que significa esto para mí.
Athena tardó en responder, pero cuando lo hizo, su voz fue como el roce de una brisa helada
—Tal vez no, Kael. Pero quizás tú tampoco lo entiendes.
Kael cerró los ojos, dejando que el silencio llenara los vacíos que Athena no había dejado atrás. La soledad infinita de la nave volvió a pesar sobre él como una sombra, pero en algún rincón de su pecho, un destello de humanidad seguía ardiendo, negándose a apagarse.



Me gustan mucho las imágenes. Muy bien logradas
ResponderEliminarLas imágenes fueron mi mayor reto. Poder crear la descripción en el prompt de lo que quería lograr para ambientar la escena fue retador. Gracias por tu comentario
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